Nieva y el baile de la rueda – 1872

Antonio García Mencía, Archivo Ruiz de Vernacci, Un baile en la plaza del pueblo de Nieva Segovia, Fototeca IPCE.

Antonio García Mencía, Archivo Ruiz de Vernacci, Un baile en la plaza del pueblo de Nieva, Segovia. Fototeca IPCE.

Allá por el año 1872, Nieva fue noticia en la revista “La Ilustración de Madrid, revista de política, ciencias, artes y literatura”, en concreto en el número 56 con fecha 30 de abril de 1972 en las páginas 131 y siguientes, se habla de nuestro pueblo y sus costumbres dentro del artículo “Costumbres Castellanas”. En aquella publicación se encuentra la que probablemente es la imagen más antigua conservada de nuestro pueblo, un cuadro realizado por Antonio García Mencía, titulado “Un baile en la plaza del pueblo de Nieva, Segovia”.

En el texto de 1872 se describe con detalle en que consiste la fiesta en nuestra localidad, los trajes, los bailes, las costumbres… sin duda un articulo a tener en cuenta si en algún momento se pretende desenterrar tradiciones. La imagen que encabeza este artículo muestra parte de la plaza del pueblo, el ábside de la iglesia y la tapia que cerraba el antiguo cementerio, alrededor de la iglesia.

Aquí os dejamos el texto completo, con la portada de la revista y otra foto que acompañaba el artículo. Agradecemos a Jose María Arévalo toda esta información que nos ha enviado.


 

Portada revista Ilustración - Nº56 - 30 Abril 1872

Portada revista Ilustración – Nº56 – 30 Abril 1872

Algunos textos periodísticos costumbristas describen de manera detallada la celebración del
baile más popular de finales del siglo XIX y su manera de celebrarlo de forma detallada. La
costumbre, pasada la guerra civil, comenzó a deshacerse entre bailes modernos, sueltos,
verbenas, orquestas y grupos de bailes regionales. A pesar de la rápida desaparición de estas
famosas costumbres, hoy podemos recordarlas a través de las minuciosas descripciones que
de tales bailes y celebraciones dejaron la pluma costumbrista de Ricardo Villanueva para la
revista la ilustración de Madrid en 1872, y que dejo inmortalizado en un grabado sobre Nieva
con sus lápices, carbones y pinceles el pintor costumbrista español Don Antonio García
Mencía. Félix Contreras, hijo del famoso dulzainero segoviano Mariano Contreras, apodado “El
Obispo”, describe estos bailes de la siguiente manera: “El acto más importante de las fiestas de
un pueblo y en el que más participación popular había se conocía como el baile de la Rueda,
que se celebraba tres veces al día y durante el tiempo que duraba la fiesta; uno se celebraba
antes de comer, otro por la tarde que solía comenzar a las cinco y el último, por la noche, a las
nueve, que se conocía comúnmente con el nombre de la “velada” (La velada era un baile
organizado por la noche los días de fiesta. Muchas veces en locales cerrados, el salón de baile,
y también cuando la climatología lo impedía realizarlos en la calle. Era común hacerlos en la
sala del concejo, el “pósito” o almacén de grano o el “bailadero” que tenía el bar)”. Los días de
función de la localidad paga el baile el Ayuntamiento, por considerarlo uno de los festejos
públicos; pero cuando los domingos y otros días de fiesta quieren los mozos que haya baile,
con permiso del alcalde, ellos lo organizan y pagan a escote al tamborilero y al dulzainero.

La revista la Ilustración de Madrid año III en su número 56 de 30 de abril de 1872 en las pags.
131 y siguientes, recoge una completa descripción del baile, las vestimentas, las normas y del
desarrollo y ambiente que se formaba en estas celebraciones. Y así describe Ricardo Villanueva
el baile en la aldea de Nieva.

Recibo una carta de mi amigo el director de la Ilustración de Madrid en que me dice estas o
parecidas palabras: “Se está gravando el cuadro de costumbres segovianas presentado en la
última exposición de pinturas por el Sr. Mencía. Sé lo mucho que quiere usted a este país y no
dudo que robará unos cuantos minutos a los alegatos de bien probado para escribir cuatro
cuartillas sobre el baile de rueda”.

Dejo la mesa de despacho, tomo mi cartera de apuntes de viaje, la tiendo sobre el velador,
testigo de mis entretenidos trabajos, hecho una irada a mis apuntes, y ya estoy viendo en los
pueblos de Segovia, el día de la fiesta, después de la comida, a cada moza buscar su
compañera para hacerse mutuamente el tocado bajo la dirección de sus madres, mientras los
mozos van al juego pelota, de la barra o de la calva donde sus padres, con satisfacción
angélica, les aplauden cuando ganan, ó con sátira les echan del juego para defender su
atrasado partido. Y es, porque cada uno desde que su chico paga el tamboril y entra a gozar la
consideración de mozo, quiere que sea el que eche el surco más largo y más derecho, como
prueba de labrador; que gane todos los partidos de pelota, como pruebe de agilidad; que tire
bien la barra como prueba de fuerza; que pegue siempre a la calva, como prueba de tino y que
en el baile sea el que dé con más gracia las cabriolas y los saltos y haga con sus reverencias y
trenzados fijar dulcemente la mirada, de las mozas en las entradillas y mudanzas. Dichoso el
pueblo cuyas distracciones son públicas a la luz del día y se entretienen en juegos de agilidad y
fuerza, en vez de degenerar su juventud en garitos y zahúrdas.

A media tarde, el dulzainero y el tamborilero echan la revolada, se oye la primera entradilla en
la Plaza y ya se ha puesto el baile. Los mozos dejan sus juegos porque las mozas esperan de
pie, en grupos de dos ó cuatro, pues la que va de non, se sienta en señal de que no baila, á no
ser que sea recién casada, de cuyo estado llevara expresivos emblemas en pies y cabeza,
siendo sus medias, en vez de blancas, encarnadas, y en vea de llevar su peinado cual la
manceba en cabellos, les cubrirá con la toca de fino tul bordada de oro, que cayendo en
chorros bajo la montera, pliega graciosamente al cuello, como la plegaba Isabel la Católica su
paisana.

Al través de la toca, se vislumbran sus pendientes de tres o cinco gajos de perlas con botones
de oro, y las tres o cinco vueltas de aljófar de sus gargantillas que sostienen una cruz de oro
afiligranado. Varias sartas de corales, sujetas á relicarios prendidos con lazos a los hombros,
caen formando ondas como en derrame hasta la cintura, y por último, rodea sus joyas con
gruesa cadena de plata, de la que prende un crucifijo cuya argentina blancura, se destaca
sobre el fondo negro del delantal. La gruesa cadena que lleva al cuello es tan larga como
pudiera serlo la de la esclava; pero hoy la lleva con el crucifijo, y como en gala de que ninguna
otra mujer ha tenido más consideración que la de Castilla.

Su jubón forma escote cuadrado para dejar lucir el trabajoso acolchado de la camisa, y sus
haldetas salen por fuera para tapar las cintas con que sujeta el plegado manteo, de terciopelo,
paño ó bayeta remetida, con tiranas labradas y franjas de oro, y que deja ver la pantorrilla, y el
zapato, sujeto con una grande hebilla de plata. Tal es el traje de la recién casada.

Cada día tiene señalado el fondo del manteo un color distinto. El primero de Pascuas ó de
boda, azul turquí; el segundo ó de tornaboda, grana y pajizo el tercer día. Si, lo que es raro, hay
alguna desdichada que carece de manteo del color del día, ó no sale de casa, ó si va á la Plaza
se sienta entre las que no bailan. Puestas con este traje poco más ó menos, las solteras,
alrededor de la Plaza, con los pies juntitos, las manos cruzadas en la cintura, esperan inmóviles
la invitación para el baile, y hecha, sea quien fuere el que la hiciere, salen á la rueda.

Dibujo baile de la rueda Nieva 1872

Dibujo baile de la rueda Nieva 1872

Muestran los mozos agradecimiento echando una entradilla en su honor, es decir, bailándolas
una danza difícil y reverente, y ellas con dulzura les miran mientras tanto, procurando ocultar
la satisfactoria ó burlona sonrisa, que les produce la gracia ó desgarbo de sus parejas. Siguen la
rueda después procurando pegársela ellas a ellos, es decir, procurando dar los puntos ó las
vueltas de diferente manera sin perder el compás, lo que constituye su entretenimiento.

Concluidos los tres bailes que dura el compromiso, echan los hombres la mudanza, echan los
hombres la mudanza, como la entradilla, en son de gracias y ellas se retiran a esperan a otros,
a no ser que se hayan creado simpatías, en cuyo caso salen de la rueda, hacen como que se
van, acceden á los ruegos de ellos, y vuelven porque tendría mucho que decir la gente, si se
quedaban sin ton ni son, echada la mudanza.

En los días de función se ofrece un curioso espectáculo de baile. Los danzantes, los ocho
mejores mozos y que mejor han echado las entradillas y mudanzas en el año anterior, son los
elegidos para danzar hogaño; y recordando las guerreras costumbres de los antiguos
castellanos, fingen vistosos combates con torneados palotes, en lugar de espadas de los
gladiadores, y levantan al vencedor sobre los palos cruzados, como las gentes godas, ó
subiéndose unos a los hombros de otros hacen la puente ó arco de triunfo en loor del
victorioso, se plegan en marciales cuadros, o amontonan formando castillos, que después
voltean y defienden, con peligrosos y gimnásticos saltos.

No es extraño, pues, que al baile acuda todo el pueblo, pobres y ricos, jóvenes y viejos. Fuera
de la Plaza cuando hay baile no se ve un alma y nada más entretenido que observar desde un
balcón, dominándolo todo, la animada rueda que se forma en los pueblos grandes, por cientos
de parejas, que saltan y dan vueltas con la más expansiva alegría todas al son que marque la
tonada, mientras los chicos corren por el centro de las buenas-vayas, las mujeres cuentan las
penas que dieron á fulano y los hombres hablan de si arrejacarán mañana. Cuadros como éste
no pueden menos de llamar la atención. Por eso el distinguido pintor Sr. Mencía, que conoce la
riqueza artística que atesora la provincia de Segovia, y que genio para hallarla y exhibirla, ha
presentado en la última Exposición el notable cuadro que hoy reproduce La Ilustración de
Madrid, ofreciendo la vista de un baile de rueda en Nievecilla, aldea próxima á Santa María de
Nieva, rico en detalles y hermoso en su conjunto, que da una exacta idea de lo que será el
baile en un día de función ó en las grandes romerías en los pueblos de Castilla la Vieja.


 

Como habéis podido leer, si habéis llegado hasta aquí, en la descripción no se deja ni un sólo detalle de lo que eran los bailes y costumbres en nuestro pueblo hace casi 150años (144 para ser exactos). Un documento que dejamos aquí para que quede a disposición de todos.

Deja un comentario